Actualizado: 8 de octubre de 2009, 13:36 EDT
El referí de la vida
El puertorriqueño Joe Cortez en uno de los mejores árbitros de boxeo de la historia
APJoe Cortez, (izq.), se ha convertido en uno de los mejore referís en boxeo
Cortesía Joe CortezJoe Cortez (der.) vs. Angelo Soto en 1961
Yo quisiera que la gente me recuerde como alguien que se ha hecho querer por todo el mundo, especialmente los latinos, en todo el mundo.
--Joe Cortez
Los consejos de Ortega marcaron la vida de Cortez y, su paso al profesionalismo después de haber acumulado muchos logros en el amateurismo, fueron moldeados sobre los pasos de su mentor.
"A los 15 años empecé a combatir en los guantes dorados de Nueva York, en el año 60. Ahí gané mi primer campeonato, y mi hermano Mike ganó también. Yo tuve un total de seis campeonatos de guantes dorados en mi carrera como amateur. Entonces, en el 63 debuté como profesional en una cartelera con Gaspar Ortega, y luego él me llevó a Hawaii, México, y tuve un total de 19 peleas como profesional". La realidad del boxeo en esa época no guarda muchas similitudes con la realidad actual del deporte, donde una carrera amateur exitosa sirve como trampolín para glorias mayores en el profesionalismo, y una medalla olímpica acarrea su peso y su prestigio hacia la parte rentada de la carrera de un boxeador. "Nuestros managers nos decían 'Joe, no pierdas tu tiempo en eso, hazte profesional', y bueno, seguimos ese consejo", dice Cortez, ante la pregunta de cómo evitó la tentación de intentar competir en el nivel olímpico ya sea por los Estados Unidos o por Puerto Rico. "A los 18 años me faltaba un año para esperar a los Juegos Olímpicos y no lo hice. En lugar de eso me hice profesional". De todos modos, los éxitos esperados tardaron en llegar, y las promesas de los managers no se cristalizaron tan pronto como era de esperarse. "No había dinero en el boxeo en esa época" se lamenta Joe."Yo a los 21 años ya me había casado, y a los 23 ya tenía dos hijos, y me dije 'bueno, déjame buscarme una carrera profesional para ver qué puedo hacer'". SUS PRIMEROS PASOS EN EL ARBITRAJECortez pronto encontraría algo que hacer, y en un lugar privilegiado. Poco tiempo después de abandonar el ring, Joe se encontró trabajando en el Hotel Conquistador de Fajardo, en Puerto Rico, en un rincón paradisíaco de la isla en la que nacieron sus padres. Allí permaneció durante 8 años, terminando su carrera como sub-gerente, para luego ser transferido a Nueva York y transformarse en ejecutivo de operaciones de los casinos de la empresa.

Getty ImagesCortez tuvo bastante trabajo en Mayweather-Hatton
"En el '92 la comisión de Nevada estaba buscando un réferi de buen nombre y de reputación, y me dieron la chance, y ese mismo año me mudé para Las Vegas", afirma, recordando el primer paso de una nueva etapa en una carrera que ya lo había llevado a grandes logros y que todavía parecía tener muchos más por delante. Y en un terreno en el que muchos apenas pueden soñar en conquistar. "Desde que estoy en Las Vegas, los productores y los actores van siempre a las peleas, y me han visto y saben que soy un réferi de renombre, y así fue que comencé esta otra carrera", dice Cortez, refiriéndose a sus ya numerosas apariciones en la pantalla grande de Hollywood. Películas como Rocky Balboa, Play it to the Bone (Hasta el último round) con Antonio Banderas y Woody Harrelson, Soy Espía con Eddie Murphy, y Undisputed (Contraataque) con Wesley Snipes lo han tenido como protagonista en el rol que más cómodamente puede interpretar: el de árbitro de boxeo. "Ahora tengo una película pendiente que se llama Lido. Hace poco me dieron los papeles, es una parte grande en una película que trata sobre artes marciales mixtas y tengo una parte bien grande ahí" afirma, a pesar de admitir que (más allá de dos obviamente coreografiados enfrentamientos de lucha libre arbitrados en Puerto Rico) nunca ha participado como réferi en ningún otro deporte de combate más allá del boxeo. Pero su rol como actor no limita sus ambiciones ni lo hace sentirse feliz solamente con participar como invitado ocasional en el mundo del espectáculo. Emprendedor por naturaleza, Joe apuesta más fuerte e incursiona en ese ámbito con un proyecto propio, sin esperar a que el teléfono suene. "Tengo ahora una compañía que se llama Dream NetworkTV, que hace comerciales, especiales y documentales", afirma, mencionando que uno de esos largometrajes mostrará su vida personal y su paso por el boxeo, todo un desafío si tenemos en cuenta la enorme cantidad de peleas notables en las que ha participado como tercer hombre. Empezando, quizás, con la pelea que lo puso ante los ojos del mundo. "Roberto Duran contra Iran Barkley", dice Joe sin dudarlo, refiriéndose al combate que hizo por él lo que el Thrilla in Manila de Alí vs Frazier hizo por su colega filipino Carlos Padilla, o lo que Chávez vs. Taylor hizo por Richard Steele. "Ya era mi 17ª pelea de campeonato mundial, y de ahí en más empecé con peleas cada vez más grandes", dice, mencionando grandes combates como Holyfield-Bowe, Foreman-Cooney, Foreman-Moorer y Chávez vs De la Hoya. Pero no todo el camino ha sido tapizado de rosas. Todos los participantes del boxeo tienen, cada uno en mayor o menor medida, la vida de los participantes en sus manos. Y las decisiones acertadas o desacertadas de un réferi pueden terminar afectando de manera impredecible a un boxeador. "Una vez murió un boxeador en una pelea que yo hice", comenta Joe, con el tono ensombrecido. "El boxeador se llamaba Robert Wangila, era campeón olímpico de Kenya. Él estaba ganando la pelea hasta que paré el combate. Él estaba peleando con un latino, un mexicano (David González). Yo paré la pelea porque pensé que Wangila estaba recibiendo mucho castigo. Aunque estaba ganando hasta ese punto, vi dos golpes que no me gustó como reaccionó y paré la pelea. El público me abucheó, se preguntaron qué fue lo que yo vi que tuve que parar la pelea. Entonces, tuve que explicarle a la esquina que me reclamaba, pero yo estoy para proteger al boxeador. Yo pensé que hice lo correcto".

APCortez (der.), levanta la maano de Chávez en 1996

APCortez en la controversial pelea Lorenzo-Soto I
La vida de Cortez conoce bien de cerca la ansiosa espera de una revancha merecida. Hace ya casi 10 años, una de sus hijas sufrió un terrible accidente automovilístico que la dejó paralizada desde el pecho hacia abajo. El peso aplastante de una congoja que hubiese sepultado al más valiente solamente le dio más fuerzas a Cortez (sobreviviente de cáncer, al igual que su esposa) para afrontar una situación en la debió aplicar toda la fortaleza mental y espiritual de sus años de boxeador. A pesar de haber nacido en Nueva York, Cortez lleva el "Ave María" y el "Ay, bendito" de uso cotidiano en sus parientes boricuas a flor de labio en cada una de sus frases, y esa fe se mantiene ante esta trágica circunstancia que la vida le ha planteado. "Afuera del boxeo, lo más grande que tengo es mi hija, que tuvo un accidente de automóvil y quedó paralizada. Para mí lo más importante es que sigue viva todavía, la tenemos con nosotros, y eso para mí es algo grande, una alegría grande". A pesar de la emoción que empaña sus palabras, Cortez se empeña en exhibir la fortaleza que lo ha ayudado a superar esa tribulación. "Habiendo trabajado peleas tan difíciles durante estos años, y siendo boxeador yo mismo, yo se los sacrificios que uno tiene que hacer para tratar de mejorar y ver todo positivo. Yo no veo nada negativo. Por ejemplo, cuando veo todo lo negativo que dicen de la pelea de Lorenzo vs Soto, yo digo 'bueno, otra persona quizás no hubiese tenido la fuerza y la voluntad que yo tengo para aceptar eso'. Yo como oficial tengo que pensar diferente. No puedo culpar a la gente por pensar cómo piensa". "El boxeo me hizo una persona más fuerte. Ver a mi hija en una silla de ruedas, paralizada, todos los días de mi vida, me ha hecho una persona más fuerte. La gente no sabe lo que uno pasa, lo que uno sufre viendo a su hija en una silla de ruedas. Pero mi hija es tan fuerte, que me hace pensar siempre positivo en todo, nada negativo. Y por eso digo que si la gente supiese lo duro que es el boxeo, nunca hubiesen dicho que yo tomé una decisión incorrecta". REFERÍ DEL MUNDO
Su relación con el mundo hispano de los Estados Unidos recorre ese mismo camino de emoción y compromiso. Y a pesar de su indeleble impronta puertorriqueña, Cortez se siente parte de una familia aún más grande que abarca a todos los latinos del mundo, con un lugar especial para los coterráneos de su mentor en el boxeo. "Yo tengo ahijados mexicanos. Yo tengo familia mexicana. Tengo dos ahijados mexicanos a los que estoy ayudando para que vayan a la universidad, y a mí me da mucho orgullo ayudarlos a ellos como Gaspar lo hizo conmigo", dice Cortez. "Y lo peor que una persona puede hacer es decirme que yo hago fallos en contra o a favor dependiendo si son mexicanos, o si son puertorriqueños, o americanos. Yo no pienso así. A mí me duele muy fuerte cuando alguien del público dice que estoy en contra de los mexicanos. Porque yo sé lo mucho que quiero a mi gente, a todos, especialmente a los mexicanos porque Gaspar me crió a mí como si fuese mi padre, y es mexicano". Ese mismo espíritu de retribución es lo que lo impulsó, ya desde su juventud, en involucrarse en diferentes tareas de aliento comunitario, para devolver los favores que la vida le fue dando.

APCortez levanta la mano de De la Hoya en el 2002
Diego Morilla es periodista y columnista de boxeo desde 1992. Ha realizado entrevistas, análisis y coberturas de peleas por títulos mundiales para medios especializados (Latino Boxing, MaxBoxing.com, Lo Mejor del Boxeo, PSN.com, etc.) y periódicos (El Mundo, Primera Hora, El Vocero, etc.) en EEUU, Puerto Rico y Argentina. Actualmente es editor, redactor y traductor de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.